Guía completa

Una pieza que no avisa

La correa de distribución sincroniza el giro del cigüeñal con el de los árboles de levas. Mientras está bien no da ninguna señal, y cuando se rompe, en la mayoría de motores actuales las válvulas golpean los pistones. A partir de ahí ya no se habla de mantenimiento sino de abrir el motor.

Por eso la regla es sencilla: se cambia cuando lo pide el fabricante, en kilómetros o en años, aunque el coche vaya perfecto.

Kilómetros de carretera y meses de calor

Mucha gente del Segrià hace a diario trayectos por la A-2, la A-22 o la N-240, y esos kilómetros se acumulan deprisa. Es fácil que un coche llegue al intervalo antes de lo que su dueño cree, así que vale la pena mirar el cuentakilómetros con el libro de mantenimiento al lado.

El otro factor es el tiempo. Un coche que se mueve poco, por ejemplo uno que solo se usa los fines de semana, puede no llegar nunca a los kilómetros, pero la goma sigue envejeciendo. Los veranos tan calurosos de Lleida, con el vano motor muy caliente, no ayudan a que dure más de la cuenta.

Lo que se cambia junto a la correa

Para llegar a la correa hay que desmontar bastantes piezas. Si dentro de esa zona hay elementos que se desgastan, como el tensor, los rodillos o la bomba de agua cuando va movida por la propia correa, lo lógico es renovarlos a la vez: de lo contrario, si uno falla más adelante, hay que repetir el mismo desmontaje.

Si tienes dudas sobre tu motor, llama al 641 161 771 o escríbenos por WhatsApp con la matrícula y te decimos qué intervalo le corresponde.