La ITV. Esa cita que a muchos les da dolor de cabeza, y con motivo: un desfavorable te obliga a volver a la estación, con lo que eso supone en tiempo y, a veces, en dinero. En el taller vemos muchos coches que vienen a hacer la revisión pre-ITV, y buena parte de los fallos que nos encontramos se podrían haber evitado con una comprobación en casa.
Aquí no hay fórmulas mágicas. Te contamos lo que miramos nosotros y lo que puedes mirar tú.
Lo que puedes (y debes) revisar tú mismo en 15 minutos
Antes de pedir cita en el taller, hay cosas que cualquiera puede comprobar. Te sorprendería cuántos coches llegan con fallos leves que bastan para un rechazo. Coge esta lista y date una vuelta alrededor del coche.
Alumbrado y señalización: el fallo tonto más común
Es de lo que más vemos. Y casi siempre se arregla en minutos. Pide a alguien que pise el freno y meta la marcha atrás mientras tú miras desde fuera. Comprueba, una por una:
- Luces de posición (delanteras y traseras).
- Luces de cruce (las «cortas»).
- Luces de carretera (las «largas»).
- Intermitentes (los cuatro, y los de emergencia).
- Luz de freno (las tres si tienes luz central).
- Luz de marcha atrás.
- Luz de la matrícula.
- Antinieblas (delantero y trasero, si los equipa).
Que encienda no basta. Fíjate también en el color: blanco o amarillo delante, rojo detrás y naranja en los intermitentes. Y mira que la intensidad sea parecida en los dos lados, porque un faro que luce bastante menos que el otro suele delatar una masa defectuosa o una bombilla a punto de fundirse.
Neumáticos: más allá del dibujo
La profundidad del dibujo cuenta, claro: por ley, 1,6 mm como mínimo. Pero el inspector mira bastante más:
- Desgaste irregular: si los bordes están más gastados que el centro (o al revés), apunta a una presión incorrecta o a un problema de alineación. Es un fallo grave.
- Cortes y bultos: pasa la mano por la banda de rodadura y por el flanco, el lateral. Cualquier bulto o deformación indica que la estructura interna está dañada. Es peligroso. Y supone rechazo inmediato.
- Equivalencia: los neumáticos del mismo eje tienen que ser idénticos en marca, modelo, medidas y códigos de carga y velocidad. Además, las medidas montadas deben ser las que figuran en la ficha técnica o sus equivalentes homologadas.
Elementos visibles y audibles
Otras cosas se comprueban sin herramientas:
- Limpiaparabrisas: acciona los «limpias» y el agua. Las escobillas tienen que barrer bien, sin dejar rastros ni chirriar. Si están cuarteadas, cámbialas.
- Claxon: púlsalo. Tiene que sonar con fuerza.
- Niveles: no suelen ser motivo de rechazo directo, salvo pérdidas evidentes, pero un nivel bajo de aceite o de refrigerante da mala imagen. Échales un ojo.
- Cinturones de seguridad: comprueba que todos anclan y se recogen bien.
¿Cuándo tiene sentido una revisión pre-ITV en el taller?
Si todo lo anterior está correcto, ya tienes mucho ganado. Pero hay partes del coche que no se pueden evaluar a simple vista ni sin el equipo adecuado. Ahí entramos nosotros.
Compensa sobre todo si el coche ya tiene unos años o si es diésel, por el tema de los gases. No es gastar por gastar. Es ahorrarte el segundo viaje a la estación.
Los puntos ciegos que detectamos en el taller
Esto es lo que revisamos con maquinaria específica y que no puedes comprobar en el garaje de casa.
Frenos: el frenómetro no engaña
El inspector meterá tu coche en un frenómetro de rodillos, una máquina que mide dos cosas: la eficacia de frenada de cada rueda y el desequilibrio entre las dos ruedas de un mismo eje. Puedes notar que el coche frena bien y aun así salir con un desfavorable, porque una rueda frena bastante más que la otra. Detrás suele haber un bombín agarrotado o unas pastillas cristalizadas; a veces, aire en el circuito. En el taller repetimos esa prueba para asegurarnos de que los valores entran dentro de la tolerancia.
Emisiones: el terror de los diésel, sobre todo en Lleida
La prueba de opacidad de los diésel es cada vez más estricta. Un mal resultado puede venir de unos inyectores sucios o de un filtro de aire obstruido, y muchas veces de la válvula EGR o del filtro de partículas (FAP). En Lleida, con los cambios de temperatura y la humedad del invierno, los trayectos cortos en los que el motor no llega a coger temperatura de servicio son veneno para estos sistemas.
Un consejo de oficio. Si tienes un diésel, antes de ir a la ITV conduce entre 20 y 30 minutos por carretera a un régimen alegre, en torno a las 3000 rpm. Ayuda a limpiar el escape. En los de gasolina se mide el CO, que suele dar menos guerra si el catalizador está en buen estado.
Holguras y estado de la suspensión
En el foso, el inspector moverá las ruedas con unas placas para buscar holguras en la dirección y la suspensión, rótulas y silentblocks incluidos. Un silentblock agrietado o una rótula con juego son fallos graves. Muchas veces no se notan al conducir. Pero comprometen la seguridad y son motivo de rechazo.
No te olvides de la documentación
Por muy perfecto que esté el coche, si te falta un papel no pasas la inspección. Lleva contigo:
- Permiso de circulación.
- Tarjeta de inspección técnica del vehículo (la ficha verde o blanca).
- Recibo del seguro en vigor. Aunque lo pueden comprobar telemáticamente, no está de más llevarlo.
¿Y si el resultado es desfavorable?
Que no cunda el pánico. Te entregarán un informe con los defectos detectados y su gravedad. Si hay defectos graves, tienes un plazo, que figura en el propio informe, para subsanarlos y volver a pasar la inspección, normalmente sin coste si vuelves a la misma estación. Ese es el momento de traernos el informe para que arreglemos justo lo que han señalado.
Al final, lo que se juega en la ITV es tu seguridad. Y la de quien circula a tu lado.